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Autorxs: Samanta Schweblin

Por Melanie Barros





Samanta Schweblin, una joven escritora Argentina nacida en el partido de Hurlingham, conurbano bonaerense, nos presenta una narración que permite renovar la lectura de géneros cristalizados y darle voz a las problemáticas sociales. Egresada de la carrera de Diseño de Imagen y Sonido de la Universidad de Buenos Aires, Schweblin fue becada por múltiples Universidades, siendo la última la del Servicio Alemán de Intercambio Académico (DAAD) que la llevó actualmente a vivir en Berlín. Es ahí donde dicta talleres literarios para personas hispanohablantes.


Su primer libro publicado fue El núcleo del disturbio (2002), seguido por Pájaros en la boca(2009), el cual recibió el premio Casa de las Américas en el 2008 y fue traducido a 13 idiomas. Dos años más tarde fue elegida por la revista británica Granta como una de los veintidós mejores escritores en español menores de 35 años. La siguiente publicación fue su primera novela, Distancia de Rescate (2014), seleccionada como el mejor libro de 2014 por una votación de críticos convocada por Eterna Cadencia. En el 2015 publica Siete casas vacías, colección de cuentos que ganó el premio de Narrativa Breve Ribera del Duero. Además, del premio de Literatura Latinoamericana y del Caribe Juan Rulfo (2012) por su cuento “un hombre sin suerte”, perteneciente a este último libro. Schweblin se consagra dentro de las escritoras multipremiadas de Argentina.

A su escritura suele vinculársela con el género fantástico, ya que en sus obras hay una irrupción de un elemento extraño en la cotidianidad. Pero además, indaga otros géneros y renueva sus recursos. Las influencias de diversos movimientos culturales serán presentados a continuación. Sin dejar de lado la fuerte presencia de personajes femeninos que son representativos en la escritura de esta autora y que nos dejan entrever su postura ante diversas problemáticas sociales.


De lo cotidiano a lo fantástico

Si quisiéramos nombrar un género que se presenta en la mayoría de los cuentos de la autora deberíamos centrarnos en el fantástico. Con ciertas influencias de Cortázar, Samanta Schweblin logra una narrativa donde los elementos de la cotidianidad son interceptados por situaciones fantásticas. En su colección de cuentos “Pájaros en la boca” se pueden observar varios de estos juegos, donde lo fantástico y lo real se entrecruzan cotidianamente. Esta obra cuenta con una variedad de narraciones que nos permite navegar por diversas historias. En algunos relatos hay un pasaje entre una escena típica, familiar, donde de repente un elemento extraño interrumpe y se realiza un cambio de plano. Ejemplos de este tipo de juegos desbordan en su colección de cuentos pero sobre todo lo podemos observar en “La última vuelta”. Un cuento sobre dos niñas que jueguen tranquilas y felices en un carrusel. Las pequeñas inventan su mundo de fantasía arriba del juego, pero ciertos elementos de su entorno las hacen volver a la realidad. El juego está por terminar, nuevos niños ocuparan su lugar. Y mientras el relato comienza a cambiar de atmósfera, lx lectorx es interpeladx por la tensión que siente la niña central del relato. Sin previo aviso los elementos que las rodean se pierden o desaparecen. En medio de toda esta escena, un elemento extraño irrumpe, se da transposición del plano y lx lectorx todavía en tensión, reconociendo las características de lo que parecía un cuento realista, se ve abordado por lo fantástico.


La narración de Schweblin siempre está acompañada de un aire de suspenso y tensión constante. Sus palabras quedan suspendidas dejando las acciones de los personajes en una pausa que lleva al lectorx a imaginar lo peor. Si deberíamos marcar las influencias que recibe en su escritura podemos postular como el más influyente a Cortázar. Los pasajes que leemos en cuentos como “Axolotl”, “La noche boca arriba” o “La continuidad de los parques” dejan a unx lectorx más o menos preparadx a reconocer elementos similares en cuentos como “La última vuelta” o “La medida de las cosas” de Schweblin. Pero lo que hace propia la escritura de la autora es que lleva estos relatos a un ambiente progresivo de tensión. La transposición de un plano a otro en Schweblin se va dando por la atmósfera que rodea a la narración. La escritora maneja el lenguaje de una forma que las historias se mueven en el límite entre lo real y lo fantástico. Sus cuentos nos presentan ciertos tintes de una narración entre perturbadora y desconcertante. Se plantea un enigma que provoca y atrapa al lectorx, donde lo deja en la búsqueda de esa frontera entre la realidad y la ficción. Pero en los cuentos de Samanta Schweblin debemos dejar de buscar porque la frontera entre lo habitualmente dado y lo excepcional e improbable se vuelve difusa.


Lo absurdo en la realidad

Como hemos mencionado anteriormente, un género que se instala en los cuentos de Schweblin es el fantástico, pero además estos elementos extraños que interrumpen en sus relatos nos llevan a pensar otras influencias artísticas con las que trabaja esta autora. Lo extraño y lo siniestro fascinan a esta escritora hasta el punto que en sus cuentos propios del género realista, lo normal y lo extraño siguen teniendo una presencia muy marcada. Es un mundo que le interesa retratar. En una sociedad donde se toma la decisión de encasillar qué está bien y qué está mal, qué es correcto y qué es incorrecto se deja de lado un mundo enorme, un mundo con el que seguimos conviviendo. Es así que la autora pone en el foco de sus cuentos temas que se censuran como incorrectos. La desnudez, la libertad sobre los cuerpos, la depresión, la soledad, los dogmas sociales invaden realidades cotidianas donde los personajes deben enfrentarse a eso que han decidido clasificar como incorrecto. ¿Pero a través de qué recursos presenta estas temáticas? Esto lo podemos analizar en una de sus obras en especial. Schweblin presenta en su libro de cuentos Siete casas vacías un juego constante entre lo cotidiano y lo siniestro, pero puntualmente, hay un ida y vuelta entre eso que está y lo que no se dice pero se sugiere. Estos textos dejan lagunas con respecto al pasado de alguno de sus personajes y una sensación de que hay cosas sin decir, pero que están ahí.


En varios de los cuentos de este libro podemos identificar características del absurdo dentro de la escritura de Samanta Schweblin como una estrategia discursiva para poner en jaque a eso cristalizado como normal. Un ejemplo de esto son los cuentos “La respiración cavernaria” y “Cuarenta centímetros cuadrados” que se construyen mediante procedimientos propios del absurdo. En “La respiración cavernaria”, la narradora en tercera persona presenta a Lola, el personaje en quien se centrarán los hechos. Ella es una persona mayor, casada, y con un hijo muerto. Lola es rutinaria y temerosa de lo nuevo. Su único anhelo es que llegue la muerte. La depresión de Lola es evidente en el relato pero nunca nombrada o explícita. La descripción de una mujer a la que morir le cuesta tanto, se entrelaza con la narración de un relato que se traslada de un presente dentro de la casa a un pasado del que se recuerda con una connotación negativa y la vez fragmentado. En “Cuarenta centímetros cuadrados”, la historia es narrada en primera persona, desde la visión de una joven que acaba de volver a Buenos Aires, lugar que conoce y desconoce a la vez. Se encuentra aturdida por su presente y por la relación con su suegra. En este cuento hay un desplazamiento espacial, pero a su vez temporal. Este se da entre la vivencia propia de la protagonista y una anécdota de carácter siniestro, contada por su suegra, que la persigue durante todo el recorrido que hace el cuento.


En ambos relatos podemos identificar un sinsentido en las acciones llevadas a cabo por las protagonistas de los cuentos, con el objetivo de generar en lx lectorx una extrañeza sobre el relato. Esta falta de vínculo lógico con el resto del texto es propia del absurdo. Schweblin reactualiza los rasgos de la tradición literaria, como el absurdo y los resignifica en su escritura. Estos rasgos propios del teatro del absurdo de los años 50 y 60 se reinterpretan y se inscriben en un nuevo lenguaje, propios de la narrativa contemporánea de los cuentos. Hay una apropiación de los rasgos de un movimiento anterior en estos relatos donde se construyen unas miradas desde el subsuelo de entidades que miran las penurias humanas desde un encierro real como el caso de “La respiración cavernaria” o bien del lado psicológico como en “Cuarenta centímetros cuadrados”.


Schweblin da voz a las sin voces


En un contexto donde la lucha feminista aumenta cada vez más en los espacios y en las voces de un sector de la población que estuvo reprimido por años, no podemos dejar pasar por alto el trabajo de Schweblin, como una escritora que le da voz a personajes femeninos desde otra perspectiva. La autora que logró crecer en un ámbito mayormente de preeminencia para los hombres, presenta sus posturas bien claras en varias de las entrevistas que se le realizan: “Yo me atrevería a decir que las mejores novelas escritas en los últimos años fueron escritas por mujeres. Y no lo digo en detrimento de los hombres, sino que son novelas que de verdad están poniendo cosas nuevas sobre la mesa que antes sencillamente no estaban”.

Ante este planteo, deberíamos pensar qué es lo que Schweblin vine a presentarnos en sus relatos, cuáles son los temas que van a tener lugar dentro de sus cuentos. Los temas que presenta en alguno de sus relatos suelen ser la posición de la mujer frente a un sistema patriarcal, la maternidad y el aborto. Lo que logra así Schweblin es dar lugar en la literatura a temas importantes en la sociedad para que se presenten ante los ojos de lxs lectorxs a plena luz del relato. Pero se hacen dar a conocer desde la voz de una mujer, una mujer que viene a replantear los roles de la mujer/madre y a deconstruir concepciones en torno a estos temas. Esto lo podemos observar en su cuento “Conservas”. Una mujer embarazada comienza a pensar que “Teresita” se adelantó a sus planes. El deseo de ser madre, esa imposición social, no está en ella, todavía no. Comienza a desarrollarse en el cuento la idea de qué hacer con ese embarazo que no es deseado, que no es querido en ese momento de su vida. Como hemos dicho anteriormente, los relatos de Schweblin nos demuestran que no todo se dice, y este no es la excepción. En ese “no dicho” podemos señalar que hay otros puntos de análisis en este cuento: cuestionar la maternidad, como piedra única y fundamental de “ser mujer”; la falsa ilusión del instinto maternal y las expectativas sobre cómo ser madre. Lo que parece más significativo durante todo el relato es la idea de que debe ser una elección y un deseo: la maternidad será deseada o no será. En este relato Schweblin deja entrever cómo la decisión es plenamente de la mujer. Si bien hay acuerdo en la pareja, se ve con más detalle el desarrollo de la decisión de la mujer, de quien no sabemos el nombre. Dado que desde el principio se demuestra como es el cuerpo del gestante el que recibe toda la carga de llevar ese embarazo no deseado.


Pero no es el único relato en el que Schweblin nos deja entrever problemáticas sociales que interpelan a las mujeres desde las voces de personajes femeninos. En la mayoría de sus relatos, las mujeres son el núcleo de la narración o son aquellas que deben llevar de manera activa la resolución del problema que se presenta en el cuento. Su primera novela Distancia de rescate, presenta dos personajes principales muy fuertes, ambas mujeres, que son las encargadas de desanudar los núcleos problemáticos que se presentan durante toda la novela. Otros relatos que nos presentan personajes son los cuentos que aparecen en Siete casas vacías. El cuento “Salir” da voz a una mujer que tiene el gran deseo de libertad. Desde el primer momento del relato lx lectorx se ve interpelado por la asfixia de una mujer que no desea estar ahí, en esa habitación, enfrentada a su esposo. Sin más palabras desea salir. El cuento va transformándose en una narración más pausada y relaja transmitiendo de esta manera lo mismo que siente el personaje al alejarse más y más de esas cuatro paredes. Otra vez nos encontramos con Schweblin, dándole voz a mujeres que deciden tomar sus propias riendas y tomar sus propias decisiones. No hay hueco o silencios que permitan denegar las voces de estas mujeres. Mujeres, como Samanta Schweblin, que llegaron a darle la voz a problemáticas que deben ser escuchadas por todxs, y no se volverán a silenciar.





Ilustración portada: Santiago Roldán (@EstudioRowen)


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ISSN 2618 - 5296

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